Enseñanzas de Antoine de Saint-Exupéry

Recordando este entrañable fragmento de El principito hoy os traemos algunas de las enseñanzas más bellas que Saint Exupèry nos dejó para la vida que nos hablan de lo esencial. Aplicarlas en nuestra vida diaria nos permitirá disfrutarla de una manera mejor y conseguir un bienestar mayor.
Prestarle atención a las pequeñas cosas
En primer lugar nos recuerda la importancia de las pequeñas cosas, esas que pasan desapercibidas y que reflejan lo esencial de nuestra vida. Debemos de devolverle a los pequeños detalles el lugar que se merecen, puesto que un día nos daremos cuenta de que ellos son los que constituyen las más grandes hazañas.
Las pequeñas cosas solemos pasarlas por alto, no dándoles el valor que merecen. Esto, con el tiempo, puede generarnos tristeza y remordimientos
Lo que para muchos es poco, para otros es mucho
Lo que para muchos es poco, para otros es mucho, por eso debemos apreciar cosas tan simples como los buenos días con un beso o un gesto de cariño. Si tu pareja, tu familia o tú mismo te reclamas la presencia de los pequeños placeres, hazte caso, pues son las que te hacen grande y conforman el aroma de los recuerdos.
Recuerda que, de la misma forma que un mar está compuesto por gotitas de agua, un día por diminutos segundos y una vida por infinidad de experiencias, el amor se forma con los pequeños detalles y tú te compones de cada una de estas pequeñas cosas que vives y que te hacen único.
La vida se compone de lo más básico
Todo el mundo trata de realizar algo grande sin darse cuenta de que la vida se compone de lo más básico. Sé sincero con tu necesidad de hacer lo correcto en cada momento, porque tu interior te habla para decirte que no necesitas tener espectadores para sentirte grande.
Siempre intentamos conseguir más cosas, ganar reconocimiento… Olvidándonos así de que la vida es más sencilla y que ahí reside la felicidad, en lo esencial
La belleza está en el interior
Pero este bonito momento en la historia de El principito también tiene otras lecturas; entre ellas hoy queremos destacar que la verdadera belleza es la interior, pues es la única que no perece, la única que no se puede arrebatar y que solo se puede ver cuando se mira con los ojos del alma.
La belleza no se mide por lo que podemos apreciar a simple vista, pues la verdadera belleza es una actitud. Vivimos preocupados por las apariencias, por no resultar estrafalarios y por no desentonar ante los convencionalismos que nos aprisionan y no nos permiten mostrar al mundo nuestro esplendor.
La realidad es que no existe en el planeta un maquillaje que consiga embellecer un corazón feo. Tenemos un grave problema a la hora de comprender esto que, por otra parte, es sumamente importante para gestar nuestro autoestima.
Un interior hermoso se construye amando la vida y deshaciéndonos de las ausencias y de los sentimientos negativos. Se constituye engrandeciendo nuestro mundo interior, haciéndolo más extenso, eliminando la comodidad emocional y coleccionando motivos propios.
Sé suave, no dejes que el dolor te endurezca. No dejes que el dolor te haga odiar, no permitas que la amargura te domine. Crea tu propia belleza, una que no se pueda definir con palabras y cultívate con los pequeños detalles. Porque solo se ve bien con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos…

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AUTORA: Raquel Aldana. Psicóloga General Sanitaria. Número de colegiada: R – 00714. Máster en Psicología General Sanitaria por la UNED. Especialista en Educación Emocional. Colaboradora en diferentes medios de comunicación. PUBLICADO EN: Lamenteesmaravillosa.com