La importancia de amar y ser amado

«El amor en todas sus manifestaciones es la cura para sanar las heridas de la infancia».

«Hay un punto quizá incluso más importante que el hecho de ser amado, que no se enfatiza lo suficiente. El ser humano necesita ser amado. Pero no solo ser amado, sino amar y dejarse amar».

La primera de las frases de Boris Cyrulnik es esperanzadora porque afirma que es posible curar las heridas emocionales de la infancia a través del amor.

El autor afirma que a pesar de que en la infancia se hayan construido vínculos afectivos inseguros, ambivalentes o desorganizados es posible adquirir un apego seguro más adelante a partir de una sana experiencia amorosa. Esto es realmente asombroso porque nos libera de la creencia de estar marcados siempre por nuestro pasado de forma negativa pues abre la posibilidad de reinventarse, reconstruirse y cicatrizar aquello que nos hizo tanto daño.

Además, la segunda de las frases de Boris Cyrulnik enfatiza la importancia no solo de ser amado, sino de amar y dejarse amar. Necesitamos amar, pero también que nos amen y esto último tenemos que permitirlo, lo que supone en muchos casos liberarse de corazas y posturas defensivas para mostrarse vulnerables, es decir, para ser auténticos, pues solo así es posible la construcción de un vínculo verdadero.

Relaciones: mundos que se encuentran

«Una relación verdadera provoca una influencia recíproca. Son dos mundos íntimos que interactúan y uno modifica al otro».

Cuando dos personas se encuentran, también lo hacen dos mundos llenos de experiencias e historias… Se trata de dos mundos que dialogan y que si realmente están comprometidos, poco a poco, se transforman a partir de sus intercambios, de sus visiones y formas de concebir el mundo.

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Boris Cyrulnik es psiquiatra, neurólogo y etólogo francés conocido como uno de los padres de la resiliencia. No es casualidad que Cyrulnik haya indagado y estudiado tanto el trauma infantil: su infancia no fue fácil. Con tan solo siete años enviaron a su familia a los campos de concentración y nunca regresaron.

A partir de ahí, recorrió diferentes centros y familias de acogida, le cambiaron de nombre y fue trasladado a una granja con tan solo ocho años por la Asistencia Pública Francesa hasta que una tía suya lo encontró y se lo llevó con ella a París.

Todo lo vivido le llevó de alguna manera a estudiar medicina, psicoanálisis y posteriormente neuropsiquiatría hasta especializarse en el tratamiento de niños traumatizados y convertirse en uno de los principales expertos sobre resiliencia del mundo.

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